08 noviembre 2011
A mi abuelo.
Hoy cuando llegué a la casa de mi abuelito sentí ese olor característico de la casa de tu abuelo, ese olor que te hace recordar (por lo menos en mi caso) que serás engreído a más no poder. Recuerdo llegar todos los veranos emocionado con mis hermanos, corriendo por las escaleras hasta el cuarto piso en donde vivía, abrir la puerta y gritar: “llegamos”, encontrar a mi abuelo viendo “El rincón del box” y mi abuelita preparando una cena riquísima. Mi abuelo dejaba la televisión y corría a apachurrarnos. Hoy cuando entré a su casa sentí el mismo olor y por un instante esperé que mi abuelo entre a la cocina a toda velocidad para recibirme y apachurrarme, en eso recordé que las cosas ya no serian así, que mi abuelito había partido.
Entré a la casa, o mejor dicho al departamento, en el cual pasé tantos veranos geniales y recordé mil cosas de cuando era niño. Recordé que siempre me gustó caminar por el medio del parquet, en ese pasadizo donde jugábamos en equipos de 2 contra 2: mi hermano y yo contra mi abuelo y mi tío. Recuerdo todas las sonrisas que el pudo dibujar en mi rostro, todos los momentos geniales que él me regaló y todo el amor que sentía por nosotros, sus nietos. Recordé también que alguna vez lo vi corriendo como nunca lo vi correr, cuando jugaba con mi hermana a las escondidas. Volteé, miré a mi hermano y no podíamos creer que era mi abuelito corriendo a esa velocidad.
¿Cómo sentirse cuando uno de tus seres queridos es arrancado de este mundo? pues triste por su partida pero sé que ya no estará sufriendo, la edad ya le estaba pasando factura.
Hace mucho tiempo que no venia a Arequipa y definitivamente ha cambiado mucho. No venía a Arequipa, no sé porqué pero al parecer siempre tuve una excusa lo suficientemente buena, para mí, como para no venir a visitarlos. Debería haberme dado tiempo, él me dedicó todo el tiempo que pudo y hacía todo lo que podía para que mis veranos sean los mejores veranos. Recuerdo también que nos llevaba al "Inter" (así le decíamos nosotros) al Club Internacional de Arequipa en donde me compraban queso helado, me metía a la piscina, y como el agua de las piscinas normales me parecía muy fría y mis labios se ponían morados, siempre nos llevaban a la piscina temperada. Mi abuelo, por lo mismo que fue sub-campeón en Pin-Pon tenía...se podría llamar poder en el club y a pesar de yo ser su nieto y no pagar para ser socios, siempre lograba hacernos pasar.
Recuerdo también sus rabietas en las cuales discutía con mi abuela, así como las que me dan a mí de vez en cuando, y se iba molesto balbuceando a su cuarto o a ver la tele. Siempre le molestó que usaran la cucharita del azúcar para remover la taza, eso siempre lo enojó pero a nosotros nos lo dejaba pasar por amor que ahora recién entiendo. Cada vez que recuerdo a mi abuelo no puedo dejar de pensar el amor que sentía por nosotros, sus únicos nietos que tenía, y de todas las cosas que hacía por nosotros y me siento un poco vacío de lo poco que pude sacrificar por él en sus últimos años de vida.
Abrí la puerta del cuarto en el cual él solía quedarse dormido viendo la televisión (cuarto en el cual he dormido hoy) y ni bien se la apagaba me decía porqué había hecho eso, reclamaba que estaba viéndola, que no tenia que apagarla... eso siempre me causó gracia.
Hace ya mucho tiempo atrás, cuando tenía entre 8 o 10 años, le escribí un poema diciéndole que era el mejor abuelo del mundo, él decidió enmarcar mi rústico poema y siempre me dijo que ese era el mejor regalo que había recibido ya que había sido creado por mí, desde mi corazón y con inspiración en él... así como estas lineas que escribo ahora en las cuales estoy obviando muchos recuerdos y episodios hermosos que él dibujó en mi pasado y que ahora vivirán en mi memoria para siempre. Recuerdos como esconderme en parlantes, alimentar a las palomas, salir a caminar por Cayma, engreírme comprándome un ceviche, queso helado, comiendo los clásicos menús Arequipeños, ir a restaurantes tradicionales, incluso ir al famoso “Tradiciones Arequipeñas” para darnos el gusto de llevarnos a uno de los mejores lugares a los que le gustaba ir. Tantos recuerdos hermosos, toda una infancia llena de amor. Ahora que estoy en su casa, que escribo estas líneas en su cuarto mientras veo mi poema, solo puedo agregar: gracias por quererme como me quisiste, gracias por ser un abuelo extraordinario, gracias por ser como fuiste. Ahora me quedaré en tu casa para darles tranquilidad a tu esposa (mi abuelita), a tu hijo (mi padrino) y a tu hija (mi madre). Para darles tranquilidad y serenidad que en estos momentos que las necesitan. Creo que es lo mejor que puedo hacer luego de todo lo que tú hiciste por mí.
Así como mi poema se que estas líneas que escribo hoy llegaran a ti y estés donde estés, en la forma que estés, quiero decirte que: Te Amo, Gracias por todo ahora me toca a mí.